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Descripción general

El poblado francés de Saintes-Maries-de-la-Mer, situado en el departamento de las Bocas del Ródano en la región de la Provenza-Alpes-Costa Azul, calienta cada primavera la atmósfera de la tranquila Camargue. La fiesta de Santa Sara la Negra se convierte en una ocasión privilegiada de encuentro para la población nómada de lengua romaní, rom, sinti, calé, provenientes de todos lados de Europa. El 24 de mayo también quién se encuentre de viaje, en la frontera que sea, regresa a su antigua casa madre para festejar.

Paso 1: la fiesta

El 24 de mayo la estatua de Santa Sara, cubierta con manteles de seda de vivos colores, es transportada a espaldas en cortejo per las calles del pueblo, al grito de "Vive la Sainte Sarah". Gitanos y Caballeros de Camargue, montados sobre blancos caballos, la escoltan hasta el mar, en donde es sumergida en las aguas que la vieron llegar desde Palestina, huyendo de la intolerancia religiosa. Sara las acompañaba como una humilde sierva a María Salomé y María Jacobé, las dos Marías que han dado nombre al pueblo; a partir de este momento se convertirá en la protectora de un pueblo que más ha girado el mundo.
Asistimos a los ritos religiosos esperando curiosos el inicio de los festejos (www.saintesmaries.com). Participamos en los cantos y bailes que se realizan durante toda la noche, entre guitarras flamencas y violinistas que parecen ser dibujados por Chagall. El día siguiente está reservado a las Saintes Maries, las patronas de la ciudad, en cuya procesión participan, con los trajes tradicionales de la provincia de Arles, las más austeras arlesiennes. Las patronas no se comparan con el confronto con la fantasía extravagante de la servidumbre.
Finalizadas las celebraciones, las estatuas vuelven a colocarse en la iglesia del pueblo: las dos Marías representadas sobre la barca, Sara en el puesto de honor sobre la cripta. Monumento principal del pueblo, la iglesia fue construida en torno al s. X como torre de control y fortaleza para proteger a los habitantes de los ataques de los piratas sarracenos, que eran los viajantes menos deseados.

 Paso 2: los gitanos

Desconcertados por el nuevo racismo que serpentea en Europa, pensamos en las antiguas páginas del historiador griego Heródoto, capaz de influenciar con su apertura de mente los servicios del reportero polaco Kapuscinski, en pleno siglo XX. Desde Heródoto, que los llamaba zinganoi, hemos tomado prestado los términos zingari, gitanos, gypsies, tsiganes para identificar al pueblo romaní, dejando de lado y olvidando su sensibilidad. El griego ya contaba que
los zinganoi provenían de la India, añadiendo también que sabían ver el futuro, respetando a magos y adivinos, y que hablaban un idioma complicado: el sánscrito, la madre de todos los idiomas. Estamos de acuerdo con el cantautor italiano De Andrè: los gitanos merecerían, por el hecho de que giran el mundo desde hace más de 2000 años sin ejércitos, el Premio Nobel de la paz como pueblo.
Visiones de antiguos viajes sobre nosotros. Santa Sara, conocida como Sara-la-Kali (Sara la Negra), era originaria de Egipto. Un guía local nos explica que la primera mención del lugar data del siglo IV, cuando el geógrafo Avieno describe una fortaleza dedicada a Ra: el dios de los faraones egipcios. Sara se podría también relacionar con la divinidad indígena Kali, diosa de la creación y de la muerte que se rinde culto sumergiéndola en el agua, representada con el rostro moreno y el nombre de Durga, al igual que Sara: desde la India los gitanos llegaron a Francia entorno al siglo IX.
No estamos de acuerdo con las corridas de toros, por su carácter cruento, pero nos gusta la historia de Folco di Baroncelli que, en el 1909, fundó en Saintes-Maries-de-la-Mer la Nacioun Gardiano (www.nacioun-gardiano.fr), codificando las reglas de la Course Camarguaise (www.ffcc.info). Folco defiende a los gitanos y empuja a la Iglesia Católica, en el 1935, a reconocer sus derechos de honrar públicamente a Sara. De este modo, cada 26 de mayo, se honra su memoria con un desfile de guardianes a caballo y grupos folclóricos. También al pequeño Toro Camargue, con una altura inferior de 1,40 cm de cruz, que viene desde lejos: según la tradición desciende de toros importados de Asia Menor por Atila, en el siglo V. En la course à la cocarde, el razeteur intenta sujetar con un gancho con dientes una escarapela que se encuentra situada entre los cuernos del toro, sin matarlo.

Paso 3: la Camargue

De todos modos con una visión de colores antiguos. Saintes-Maries-de-la-Mer es pequeña y llana: con una bicicleta es fácil visitarla. Laberintos rodeados por casas blancas se desarrollan en torno al gris de la iglesia. Adentrándonos en el interior, descubrimos el paisaje impresionista de la Camargue: estanques brillantes que se alternan con pastizales habitados por caballos blancos y toros en libertad, entre deslumbrantes salinas. Para quién prefiere cabalgar, puede ponerse en contacto con la asociación de criadores del Caballo Camargue (www.aecrc.com). 
No descartamos la posibilidad de visitar el Parc Ornithologique de Pont de Gau (www.parcornithologique.com), a solo 4 km del centro de Saintes-Maries-de-la-Mer. Sus 7 km de senderos circulares, atraviesan marismas, carrizales y extensiones de lavanda en flor, permiten fácilmente observar flamencos rosa, garzas, cigüeñas, y diversas aves rapaces y migratorias. Triste, solitario y final fue el vagabundear del Tarasque, un monstruo mitológico que, cuando abandonada su cueva en el cauce del río Ródano, saqueaba los campos. Calmado por las oraciones de Santa Marta, lo condujo a la ciudad de Nerluc, más tarde bautizada como Tarascon, en donde fue asesinado por los poco comprensivos de sus ciudadanos, que hasta el día de hoy conmemoran el evento el último domingo de junio (www.tarascon.org).

 

En Saintes-Maries-de-la-Mer nos han bastado pocas horas con los gitanos, un pueblo sin bandos ni ejércitos, para aprender a defendernos poniendo color al blanco y negro de los días tristes que vendrán, si perdemos la capacidad  de contar. Vasu ti baro nebo avi ker kon ovla so mutavia kon ovla: Para que el aire celeste se convierta en casa, ¿Quién contará la historia, quién será?

Federico Gurgone

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