Descripción general
“Estoy un poco cansado, creo que vuelvo a casa”, dice Tom Hanks en Forrest Gump. En el lugar en donde finaliza su carrera, sobre la US 163, inicia nuestra cabalgada hacia el descubrimiento de aquello que queda del primer American Dream: la ira resignada de los Indios. A caballo nos adentramos en la llanura sagrada de los Navajo: el Valle de los Monumentos, formaciones geológicas similares a iglesias erigidas de forma natural, como un elemento desapercibido creado por la geografía a la historia del Nuevo Mundo.
Paso 1: Arizona
Aterrizamos a Flagstaff (www.flagstaffarizona.org), en la desértica Arizona septentrional. En los carteles de señalación de la rute 66 (www.national66.com) tenemos la esperanza de hallar una vía de escape de la inmóvil provincia americana, para ser rescatados por los brazos del mito: Las Vegas que dista a 4 horas y Los Ángeles a unas 8. La crisis económica es evidente. Las miradas que cruzamos son tensas y libres en las gasolineras, moteles, kioscos seven-eleven: ninguno parece tener la obligación nacional de ser un vencedor, como si la línea amarilla que divide en dos la carretera exigiera solamente la responsabilidad de las acciones particulares.
La ciudad, hallada a una altitud superior a los 2.000m, fue fundada en el 1876 por los madereros, tal y como ocurre en la película. En el año 1894 el astrónomo Percival Lowell, buscando un lugar desde el cielo claro , construye aquí el Lowell Observatory (www.lowell.edu) en donde treinta y cuatro años más tarde, in the middle of nowhere al igual que Flagstaff, se descubrió Plutón.
Nobody's kidding nobody about where it goes, canta Springsteen en la radio, y no preguntamos a Tommy que hace auto stop donde es más directo, cuando a lo largo de la US 89 detenemos nuestra Toyota Corolla para hacerlo subir; cuando desciende de nuestro coche nos desea de modo inocente un buen viaje. Es nuestro primer contacto con un navajo, un pueblo que ha día de hoy cuenta con unas 250.000 personas, emplazadas en el Indian Reservation del noreste de Arizona, constituyendo en USA el grupo étnico más numeroso de los Nativos Americanos. Después de 135 millas y 3 horas de coche, llegamos a Page.
Paso 2: El Monument Valley
Antelope Canyon, el desafío supremo de los fotógrafos estadounidenses, dista 6 millas del centro de Page y está apoyada a orillas del Lake Powell a 70 millas del Gran Cañón. El Cañón o Canyon (www.navajonationparks.org) consiste en dos formaciones geológicas separadas, llamadas Upper Antelope Canyon y Lower Antelope Canyon, excavadas en la arena del agua y por el viento. Para visitarlas pagamos 25 dólares y, acompañados por un joven navajo con el organillo, a través de las escaleras de hierro descendemos en el húmedo pasillo en el interior del cañón, non más ancho de un metro, diseñado por paredes onduladas que parecen estar en movimiento a punto de romperse. La luz filtra desde arriba, el polvo nos dificulta levantar la vista, para imaginar aquel cielo árido y brillante que solamente llegamos a entrever a más de 10m de altura.
Recorridas 100 millas nos detenemos en Kayenta en un Burger King, que se ha convertido en el Navajo Culture Center: el único honor público che han recibido por su actividad durante la II Guerra Mundial, cuando los code talkers navajo fueron decisivos para derrotar el contra espionaje japonés. Volvemos a partir sintonizando la emisora AM 660, la radio oficial de la Navajo Nation (www.ktnnonline.com) y nos acercamos a Monument Valley, recorriendo durante 25 millas la US 163, en dirección norte.
El rectilíneo final de la carretera, con un ligero descendimiento, da la impresión de entrar en la pantalla de un cine que proyecta una película del oeste. Por la noche dormimos en un hogan navajo (agnes_gry@yahoo.com), en la milla 415, por unos 30 dólares. La cabaña posee una base octogonal y una apertura en el techo, las paredes constituidas por palos mantenidos junto al barro. Para ellos es un refugio sagrado, con la puerta en el este dirigida hacia el sol que surge del valle. “Espíritus de todas las casas bajo el cielo, bendice mi casa de barro, resina y pino. Bendice mi familia de sangre, médula y hueso”.
Paso 3: El cabalgamiento
Para entrar en el valle pagamos 5 euros y adelantamos el reloj una hora: nos encontramos en Utah y en otra dimensión temporal. La llanura está flanqueada por cuellos volcánicos llamados mesas o buttes: torres naturales formadas de piedra y arena del color rosado, causado por el óxido de hierro, con la base plana.
Atravesamos en coche el camino de tierra de 17 millas que recorre el valle, avergonzándonos de aún utilizar un medio de transporte contaminante. Se requiere paciencia para encontrar un caballo a un precio económico. El último fletador nos ha pedido 45 dólares (www.monumentvalley.net): ha sido relegado en un rincón alejado porque no es un navajo, pero conmueve su sincera voluntad de interiorizar su cultura. Montamos sobre la silla y lentamente vemos desfilar extraordinarias formaciones geológicas: Three sisters, Elephant Butte, Rain God Mesa. Avanzamos más allá del Thunderbird Mesa, hacia el grupo Yei Bi Chei y el Totem Pole, con una altura de 138m y un ancho sólo unos 12 m. Una duna deslizante sobre el pico de un precipicio y el camino finalmente se alarga; el caballo adelanta a aquel de la guía, después se detiene para comer hierba: estamos atravesando el Sand Spring, el único manantial de agua que crea fatiga en el desierto, con el mismo obstinado coraje de los navajos, cuyo nombre Navahuu significa “Campo cultivado en un pequeño curso de agua”. Los Navajo como nuestro guía, proveniente de Oregón para casarse con una mujer indígena, descendieron de las frías regiones de América septentrional y se emplazaron en torno al 1500 en los actuales territorios de Colorado, Nuevo México y Arizona. El guía indica hacia el este, en donde viven los más tradicionalistas que aún resisten bebiendo el agua del Sand Spring: los admira devotamente, una persona que por el momento solamente ha sabido renunciar a la tv. Le pedimos si podemos visitarlos, y ni siquiera nos responde. Sentimos que no tenemos que tener ningún sentimiento de culpa por espiar, si la naturaleza es más grande que nosotros: la libertad de cabalgar en contra viento es nuestra dignidad.
Federico Gurgone